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Dolor fantasma. Emergencia permanente


Redacción: Alberto Arce
Fotografía: Ricardo García Vilanova

“Acabábamos de dejar atrás Shanoudi, al norte de Kabul cuando los talibanes nos atacaron. Otro compañero y yo recibimos balazos en las piernas. Son unos cobardes, siempre atacan desde lejos, sin asumir riesgos, en emboscadas que tratan de matar con el primer golpe. No se atreven a pelear de verdad”.

Nazir tiene 25 años y lleva un mes ingresado en el Hospital para víctimas de guerra que la ong italiana Emergency, decana de la intervención humanitaria en Afganistán, mantiene en Kabul desde 2001. Proporciona atención médica -la única gratuita que puede encontrarse en la capital- a 100 pacientes en seis pabellones y una unidad de Cuidados Intensivos.

Giorgia, una enfermera veneciana, bromea con él mientras trata de impedir que se toque el fijador externo que le ayuda a recuperarse de la fractura. “No podemos darles el alta inmediatamente, en cuanto regresan a sus pueblos, dejan de cuidarse. Viven lejos, no tienen médico al que ir e incluso pueden vender el fijador que cierra las fracturas o las medicinas. Son muy pobres”. A Nazir le quedan un par de meses de internamiento hasta que se cierren definitivamente su herida y las fracturas de las dos piernas.

La práctica inexistencia de atención ambulatoria en el país alarga los periodos de estancia en un hospital que ha conseguido sobrevivir como oasis de limpieza y tranquilidad en el centro de la capital que, con casi total seguridad, acumula más polvo del mundo.

A izquierda y derecha, entre los pabellones donde se recuperan niños y adultos con todo tipo de amputaciones y heridas, las flores iluminan el silencio. La sensación de que nada sucederá dentro de este recinto contribuye enormemente a su cura.



Un modelo de intervención humanitaria

Marcello Cospite, coordinador logístico del Hospital sonríe al hablar de cifras. Con una media de unos 2000 pacientes tratados cada mes durante 11 años es posible que por las instalaciones de Emergency haya pasado, de una u otra forma, el 10% de la población afgana.

La pregunta, tan natural como inmediata.

- “¿No sientes que podríais llegar a suplir la labor del propio Ministerio de Salud?”
- “Sentimos la necesidad de nuestra presencia en el país. Con responsabilidad. Sin protagonismo ni prepotencia. Colaboración a partir de nuestros protocolos, proporcionando asistencia totalmente gratuita a toda la gente que lo necesita. Sin hacer diferencias. Estamos demasiado ocupados haciendo medicina para hacer política ”.

La neutralidad de Emergency es, probablemente, la más controvertida de las cuestiones en torno a su intervención en el país. Marco Garatti es cirujano y responsable médico de Emergency en Afganistán. Trabajaba en la provincia de Helmand, en el Hospital de Lashkar Gah, cerrado por el gobierno afgano y las tropas de ISAF en abril de 2010. “Se nos ha acusado repetidamente de apoyar a las fuerzas que se oponen al gobierno y viceversa. No es cierto. Somos contrarios al hecho de que nos lleguen pacientes heridos. Y si eso sucede es porque dos entidades se están haciendo la guerra y los civiles se quedan en medio”.

Marco se explica desde Italia -una vez liberado y exonerado de la acusación de posesión de armas y colaboración con la insurgencia que cayó contra él y ocho de sus compañeros-. “El 40% de los heridos son niños. Si decimos: la semana pasada, tras vuestro bombardeo han muerto 10 personas y 40 resultaron heridas se toma como un posicionamiento. Si decimos: vuestro atentado suicida ha provocado 20 muertos y 50 heridos se entiende también como una defensa de la otra parte. Quieren desacreditar nuestra posición neutral, necesaria para poder garantizar la asistencia a las víctimas. Calumniándonos. Porque estamos abiertamente contra la guerra”.

100 días después de la clausura militar del hospital de Lashkar Gah el gobierno afgano autorizó su reapertura. Hasta el Parlamento Europeo lo solicitaba. El gobernador de Helmand impuso ciertas condiciones que, de ser aceptadas, violarían la neutralidad de la misión de Emergency en el país. “Emergency regresará a Lashkar-Gah” según se leía en nota de prensa “sólo si su hospital continua siendo un lugar donde se cura sin discriminación, según la ética de la profesión y los principios de las convenciones internacionales para la asistencia a los heridos de guerra. La presencia de militares armados en el exterior del hospital viola el principio de neutralidad y limitará el acceso de heridos al centro”.

Han sido finalmente los notables locales, el consejo de ancianos quienes han tenido la última palabra y han presionado para que el hospital se reabriese. Tal es la imbricación de Emergency con la población civil para la que trabajan.

Pero que nadie se equivoque. De los sueños y los principios se despierta. Eso significa “Código Falcon”. La radio avisa del ingreso de un nuevo paciente. Marcello se moviliza, Giorgia comprueba que ya se han hecho cargo de la niña y un rato más tarde podemos verla.

Se llama Basomano. Los médicos calculan que tiene alrededor de 8 años y muestra 6 orificios en su cuerpo. Tres balas que entraron y salieron. Una en el abdomen y otra en cada pierna. Ni Basomano -que hace el número 30 de los niños que Emergency hospitaliza en estos momentos- ni quienes la han traído saben quien disparó. O no lo quieren decir. No tiene demasiado sentido disparar contra una niña que cuidaba de las cabras de su familia.

Uno de los médicos explica que pertenece a la minoría Kuchi, un pueblo nómada que mantiene un fuerte enfrentamiento con algunas tribus pashtunes. Las hipótesis giran en torno a una venganza entre familias. Ella no puede hablar. Se encuentra sedada y apenas entreabre los ojos. Pareciera que Afganistán y sus problemas se convierten en una larga noche de espera y dolor para muchos de sus habitantes. Especialmente para los inocentes.

En un pabellón contiguo conocemos a Mahmud. Perdió la pierna hace 15 años. Una mina soviética. Parece que sus huesos rozan la piel a la altura del muñón amputado. Ausencia de cuidados, pésimas condiciones de higiene. No sabe cuantas veces ha estado ingresado desde que era adolescente. Se queja mucho.

Nadia, uno de los médicos que les atiende, dulce y silenciosa, nos aleja totalmente del rudo estereotipo con el que se representa a una cirujana en un hospital de víctimas de guerra. Pasa su cuarto período de seis meses trabajando en este hospital y nos descubre una dolorosa realidad “Lo último que el cerebro registra en el momento de una amputación es el dolor. Que continúa reproduciéndose de manera más o menos esporádica a medida que pasa el tiempo. En el caso de algunos pacientes, de manera permanente. Se llama dolor fantasma. Las prótesis permiten caminar. El dolor fantasma no tiene cura”.

En Afganistan hay más de 10 millones de minas. Aproximadamente una por cada dos personas. Dolor fantasma y Emergencia para décadas.

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