Redacción: Alberto Arce
Fotografía: Ricardo García Vilanova.
“¿Queréis ver algo más o ya es suficiente?” pregunta el Comandante, satisfecho tras la operación de arresto de talibanes que le ha ofrecido a la prensa internacional.
“¿Es cierto que en las cuevas de Aynak existió una base de Al Qaeda?, ¿sería posible acercarse?”.
“Sin problema, El Capitán Gul os llevará”. El Comandante Mosen, nos deja en manos de su subordinado.
Sabemos que pasado el Cuartel central del valle, lugar del que venimos y al que regresan todos los policías que han participado de la impostura, se encuentra la mina de Aynak. Que para acceder a las antiguas cuevas de Al Qaeda, es necesario pasar frente a la mina que los chinos exploran. Fugaz visita.
Los policías no pueden contar más de lo que sabemos. Que la primera pregunta la hagan ellos, por cortesía. “¿Te gustan los talibanes?” me espetan. Y no se ríen. Se la devuelvo “¿Os gustan a vosotros?”. El adulto, de pie y sin dejar la metralleta, responde “Yo he luchado con ellos. He sido talibán y tengo tres mujeres”. Vale. Probablemente sea una broma. O no.
Ataco por donde interesa ¿Vamos a ver chinos?. “No te dejarán”. ¿Qué pensáis de los chinos? “Por culpa de los chinos tenemos que trabajar hasta los viernes. No nos dejan descansar. Algunos días nos piden que les escoltemos hasta tres o cuatro veces”. ¿Cuántos son? “No lo sabemos. Entre 2000 y 3000. Los jefes viven en Kabul y se pasan el día yendo y viniendo. Pero los trabajadores viven en la mina. Nosotros escoltamos sólo a los jefes. Al resto ni siquiera les vemos”.
Así se expresa el joven policía a cargo de la protección de unos convoys que constituyen el auténtico cordón umbilical de la gestación de la tan comentada y esperada producción mineral del país.
Los oficiales no hablan. Bastante hemos conseguido con que nos acerquen hasta el antiguo refugio de Bin Laden y por el camino podamos otear la mina. Tenían razón. Nos cruzamos con varios jeeps chinos. Al ver la cámara se tapan la cara por instinto. Al menos les hemos visto. Tras vallas metálicas y alambradas, se levantan barracones aparentemente recién construidos. Desde el camino se cuentan unos 20 edificios. La mina, detrás de las edificaciones que sirven de hogar a los trabajadores. No se ve absolutamente nada más que eso. Es imposible detenerse. Eso es todo.
Abierta su exploración por los soviéticos en los años 70 sorprende, como si de una novedad se tratase, que las noticias sobre mineral afgano hayan llegado solo ahora a las primeras páginas de los periódicos. Afganistán es país de rico subsuelo. Pero lo era ya en la época soviética, que no dejó pasar la oportunidad de explotarlo. O al menos de intentarlo sin éxito. No tuvieron tiempo.
El Ministerio de la Minería de Afganistán concedió la exploración y la explotación de las minas de cobre de Aynak a un consorcio de empresas estatales chinas lideradas por Jiangxi Co. y MCC (China Metallurgical Group Corporation) en noviembre de 2007.
Según estimaciones oficiales las reservas de mineral ascienden a 240 millones de toneladas. El consorcio chino le pagará al gobierno afgano un canon de 800 millones de dólares por los derechos de explotación de las minas. Se trata de la mayor inversión no militar realizada en la historia de Afganistán.
Lo que invita a reflexión, no obstante, es que el beneficio económico que pueda derivarse de dicha riqueza no sea capitalizado por ninguno de los 44 estados que alimentan con la muerte de sus hombres y mujeres la presencia de las tropas internacionales en el país.
Un coste, que por otra parte, no cesa de aumentar: 89 soldados muertos durante el mes de julio, 414 y subiendo en lo que va de 2010, el año más sangriento para los extranjeros desde que comenzó la ocupación. De hecho, llama tremendamente la atención que mientras unos ponen los muertos, China se disponga a hacer caja.
Siguiente parada, la que fuera base de al Qaeda en Afganistán durante el año 1999. Caminamos por la ladera de una montaña. No hay pérdida. Inmensos cráteres marcan la entrada de un sistema de cuevas tras una pequeña pero escarpada pendiente. “Los americanos atacaron las cuevas con bombarderos B-52 en 2001 cuando los miembros de Al Qaeda ya se habían refugiado en la frontera con Pakistán”. Así comienza el relato del Capitán Gul nuestro fatigado guía, “desde entonces los únicos que las han utilizado son los pastores nómadas”.
De ahí la mierda de cabra como alfombra.
En el interior de la cueva hace frío y el agua gotea por las paredes. Se trata de una pequeña galería de unos 3 metros de alto por tres de ancho. Nos adentramos unos metros. “Son unos cuatro kilómetros de galería, bien construida y sin el más mínimo peligro, hay respiraderos en el techo, lo único que necesitas es una linterna”. “No sabemos si Bin Laden vivió aquí, pero se organizaban sesiones de entrenamiento y los que si vivían aquí de manera permanente eran árabes, chechenos y Pakistaníes del Punjab” continua Gul.
El Ejército norteamericano aún mantiene en Guantánamo a su principal fuente de información sobre lo que sucedía en el campo de entrenamiento de Al Qaeda en Aynak. El preso número 39 se llama Ali Al Bahlul y cumple cadena perpetua por ejercer como responsable de comunicación de la red terrorista. Suyos son los vídeos que muestran a Osama Bin Laden dirigiéndose a sus lugartenientes en este lugar. Según las investigaciones realizadas en Guantánamo, dos de los suicidas del 11 de septiembre Nawaf Al Hazmi y Khalid Al Mihdar fueron entrenados en estas cuevas.
En la pequeña explanada que se abre frente a las galerías tenían lugar las prácticas de tiro. ¿porqué los bombardeos fueron perfectamente calculados para impactar frente a la entrada de las galerías y no sobre ellas?. Nadie sabe responder. ¿No querían eliminarlos? Lo más fácil habría sido taponar las entradas. Quizás ya entonces su objetivo no era acabar con ellos sino simplemente hacerles cambiar de escondrijo cada cierto tiempo.
Sin posibilidad de acceso a la mina de cobre y los chinos que la explotan, objetivo real del viaje, estas galerías excavadas en la roca permiten, al menos, recorrer la historia de Afganistán durante las últimas tres décadas: Un oscuro y largo agujero abierto por los soviéticos y utilizado por los integristas islámicos para lanzar una guerra global de la que aparentemente sólo China puede salir beneficiada. E incluso eso está aún por ver.
Aplicable para la cueva y el país. Un agujero negro que recoge energía para modificarla y devolverla convertida en algo nuevo, que no necesariamente mejor.
índice de los vídeos